Orígenes del cultivo de la vid en Madrid

Las primeras noticias fehacientes del cultivo de la vid en la actual provincia de Madrid, se relacionan con el Monasterio de San Martín de Valdeiglesias, cuyas ruinas subsisten en el término municipal de Pelayos de la Presa, a 62 kilómetros de Madrid y 5 de San Martín de Valdeiglesias.
El origen del Monasterio de San Martín de Valdeiglesias en el siglo XII fue la entonces existencia de doce ermitorios o iglesias entonces apartados entre sí, desde donde está la iglesia parroquial de la villa de San Martín hasta el río Alberche, ocupando un amplio valle, por eso denominado entonces “Valle de Yglesias”, que dio nombre al Monasterio regentado por la Orden de San Benito y más tarde a la villa de San Martín de Valdeiglesias.
El Rey Alfonso VII conocedor de la santidad de los eremitas, otorgó en 1148 la ampliación de la heredad sobre terrenos y bienes circundantes a perpetuidad, enviando monjes de La Espina a Valdeiglesias, con el objeto de que los allí residentes tomaran el hábito cisterciense. Y Fernando III “El Santo” volvió a ampliar los dominios de la comunidad con la Granja de Santa Cruz de Alarza “Pues los monjes habían destinado todas sus posesiones del valle al cultivo de la vid, y carecían de tierras para otros cultivos necesarios para la supervivencia de la misma”. La cesión fue posteriormente ratificada por los reyes Alfonso X y Sancho IV.
Los monjes fueron los colonizadores del valle y los que fundaron la villa de San Martín, para que en ella vivieran los colonos y otros servidores del Monasterio, “Creando una gran riqueza vitivinícola”. Aprendieron la ciencia del vino de sus fundadores, los hermanos de la Orden procedentes de La Espina, que ya la dominaban en su lugar de origen.
Refiriéndose al rey Fernando III “El Santo”, el Padre Manrique en sus Anales Cistercienses dice: “Entre otras cosas, aumento la riqueza del lugar y de la Casa, y la fecundidad de la tierra, muy apta para plantar vides, de las que obtienen generosos vinos, llamados vulgarmente de San Martín y son los más fecundos de toda Europa, incluso si dijese que ocupan el primer lugar de todas, no erraría”.

Referencia: TRATADO DE VITICULTURA GENERAL
LUIS HIDALGO

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